Capítulo 41

Los guantes de trabajo del cobertizo eran demasiado grandes, pero mejor que nada. El primer trozo de madera era más pesado de lo esperado—empapado y podrido. Lo arrastré hasta el área de desechos, con la espalda ya dolorida.

Uno menos. Cientos por ir.

El sol ardía sobre mi cabeza. El sudor empapó ...

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